Carta de despedida del Generalfeldmarschall von Kluge redactada el 18.08.44 y dirigida personalmente a Hitler. En esta carta von Kluge rechaza asumir la responsabilidad del fracaso de la 'Operación Lüttich' (contraataque alemán con el objetivo de aislar de la cabeza de puente a las fuerzas aliadas desplegadas durante la 'Operación Cobra') y reclama a Hitler negociar la paz con los aliados occidentales.

Nota:
Günther von Kluge, nombrado Oberbefehlshaber West el 02.08.44, tras haber sido amenazado por Hitler en varias ocasiones debido al estancamiento de sus tropas, sería finalmente relevado de su puesto el 17.08.44. Los motivos de esta decisión son variados: Ya durante la planificación de la operación von Kluge había mostrado excepticismo sobre su viabilidad debido a la debilidad de las unidades que debían participar en ella. Existían además sospechas de la Gestapo de que von Kluge habría estado informado sobre el atentado del 20.07.44 contra Hitler. El detonante para su relevo se produciría el 15.08.44, cuando durante una visita al frente con el objetivo de reunirse con comandantes de la 7. Armee el convoy de von Kluge fué atacado por cazabombarderos aliados, causando la muerte de una parte importante de sus integrantes y aislando al Generalfeldmarschall durante horas al resultar destruidos los sistemas de radio-comunicación del convoy. Ante el desconocimiento de su paradero y la imposibilidad de contactarle, rapidamente aparecieron rumores de que von Kluge estaría negociando con los aliados la rendición de sus tropas. El 19.08.44 von Kluge se suicidaría injiriendo una cápsula de cianuro.

18.08.1944

Der Oberbefehlshaber West







¡Mi Führer!

su declaración de intenciones que ayer me fué transmitida a través del Feldmarschall Model me releva del mando del Oberbefehlshaber West así como del Heeregruppe B . El evidente motivo es el fracaso de las unidades acorazadas desplegadas para atacar Avranches y la consiguiente imposibilidad de cerrar la brecha hacia el mar. Se constata así mi "culpabilidad" como el comandante responsable.

Permítame mi Führer que con todo el respeto le dé mi opinión. Cuando a través del Oberst-Gruppenführer Sepp Diettrich, a quien durante estas dificiles semanas he tenido la ocasión de conocer y apreciar como un hombre incorruptible y valiente, lea estas líneas, yo ya no estaré. No puedo soportar el reproche de haber sellado el destino del Oeste mediante la toma de decisiones erróneas, además no tengo los medios para poder defenderme. Asumo por lo tanto las consecuencias y me dirijo ahí donde ya se encuentran miles de mis camaradas. No he temido nunca a la muerte. La vida para mí, cuyo nombre se encuentra en la lista de extradición como criminal de guerra, ya no tiene ninguna relevancia.

En relación a la cuestión de mi culpabilidad permítame que exponga lo siguiente:

  1. Debido a los previos combates la fuerza ofensiva de las unidades acorazadas era demasiado débil para poder garantizar el éxito. Incluso si esta fuerza hubiese sido incrementada gracias a la toma de medidas más inteligentes, estas unidades jamás hubieran alcanzado el mar, a pesar de ciertos éxitos iniciales que se les pueda atribuir. La única división cuya fuerza ofensiva podría ser calificada como de relativamente normal era la 2. Pz.Div. Sin embargo sus éxitos no pueden ser referencia para la evaluación del resto de divisiones acorazadas.

  2. Incluso suponiendo que se hubiera podido alcanzar Avranches y de este modo cerrar la brecha, el peligro que acechaba al Heeresgruppe no hubiera sido en absoluto eliminado, en el mejor de los casos unicamente pospuesto. Un posterior avance de nuestras divisiones acorazadas hacia el norte, como había sido ordenado, y la reunificación del resto de nuestras fuerzas en el ataque para así poder modificar decisivamente la situación general era totalmente imposible. Todo aquel que conociera el estado real de nuestras tropas, especialmente el de las divisiones de infantería, me dará la razón. Las ordenes que usted dió exigiendo precisamente esto, partían por lo tanto de unas bases inexistentes. Cuando leí estas decisivas ordenes comprendí inmediatamente que se exigía algo que quedaría para la história como una magnífica y audaz operación pero que desgraciadamente era en la práctica irrealizable, teniendo que recaer la culpa necesariamente sobre el comandante responsable.

    Para cumplir su voluntad hice todo el esfuerzo posible hasta alcanzar el límite de mis fuerzas. Admito tambien que hubiera sido mejor esperar un día más con el início del ataque. Aún y así esto tampoco hubiera modificado nada. Esta es mi firme convicción con la que me voy a la tumba, pues la situación ya se encontraba en un estado demasiado avanzado como para poder haber cambiado algo. En el flanco sur del Heeresgruppe las potentes fuerzas enemigas, que incluso habiendo logrado cerrar la brecha de Avranches hubieran sido abastecidas sin más desde el aire, podían ser reforzadas adicionalmente por fuerzas enemigas procedentes de la Bretaña. Nuestro própio frente defensivo se encontraba tan debilitado que no cabía esperar que resistiera a medio plazo, especialmente si la afluencia de nuevas unidades anglo-americanas se dirigían contra él y ya no hacia el sur a través de la brecha de Avranches. Cuando a pesar de mis dudas acepté la propuesta del comandante acorazado de la 7. Armee de actuar con rapidez, lo hice porque todos conociamos perfectamente la capacidad de resistencia del frente norte de esta Armada y ya no confiabamos en el. Sin mencionar el movimiento envolvente del enemigo en el sur. Por lo tanto era fundamental actuar con rapidez, entre otros motivos tambien porque la situación aérea así lo exigía. Teniendo en cuenta la situación aérea, que descartaba totalmente la realización de combates diurnos, las expectativas de éxito eran muy reducidas. Y el clima de altas presiones se mantiene hasta el día de hoy.

    Con base a estos hechos mantengo mi afirmación que no existían perspectivas de éxito, al contrario, los ordenados ataques tenían necesariamente que empeorar decisivamente la situación general del Heeresgruppe. Y eso es exactamente lo que sucedió.

  3. Finalmente el ejercito del Oeste, material y personalmente, fué practicamente abandonado a su suerte. La situación de emergencia en el Este obligó a ello. La rápida disminución del número de carros de combate y armas anticarro así como la insuficiente equipación con lanzaderas en las numerosas denominadas divisiones estáticas condujeron a la situación que a día de hoy tenemos que constatar, con el agravante de las pérdidas sufridas en el calificado como cerco.

    Debido a mi tensa relación con el nuevo Jefe del Estado Mayor, que ve en mí a un enemigo, no dispuse de posibilidades de lograr apoyo en relación a los necesarios carros de combate para el Oeste. Todo esto fué fundamental para el desarrollo general de la situación.

    Mi Führer, puedo afirmar que he dado todo con el objetivo de lograr satisfacer las exigencias que demandaba la situación. En mi carta adjunta al informe del Feldmarschall Rommel, que yo mismo en su momento le envié, ya señalé el posible desarrollo de la situación. Los dos, Rommel y yo, así como todos los comandantes estacionados en el Oeste, que conocíamos la lucha contra un materialmente superior enemigo anglo-americano, anticipamos el actual desarrollo de los acontecimientos. No se nos escuchó. Nuestras opiniones no estaban dictadas por el pesimismo sinó por el sobrio reconocimiento de los hechos. Desconozco si el en todas las campañas experimentado Feldmarschall Model será capaz de afrontar con éxito la situación. Se lo deseo de todo corazón. Si este no fuera el caso y sus tan esperadas nuevas armas, especialmente las de la Luftwaffe, no lograran variar la situación, entonces, mi Führer, tome la decisión de finalizar la guerra. El pueblo alemán ha sufrido tanto que ha llegado el momento de poner fín a este horror.

    Deben haber vías para lograrlo, y muy especialmente lograr que el Reich no sucumba al bolchevismo. La actitud de una parte de los oficiales capturados en el Este continúa siendo un misterio para mí. Mi Führer, siempre he admirado su grandeza, su actitud en esta gigantesca lucha y su férrea voluntad de preservarse a sí mismo y al nacionalsocialismo. Si el destino es más fuerte que su voluntad y genialidad entonces es la providencia. Usted ha librado una honesta y gran lucha. La historia lo atestiguará. Ahora demuestre tambien la grandeza para poner fín a una lucha que se ha convertido en inútil.


    Le abandono mi Führer, he estado mucho más cerca de usted de lo que probablemente pueda imaginar, con la certeza de haber cumplido con mi deber hasta el final.



¡Heil mi Führer!

Firmado: von Kluge, Feldmarschall